Juan Marsé
Juan Marsé Cambó nació en Barcelona en 1933 y murió en Barcelona en 2020.
Ha recibido varios premios literarios por sus novelas, entre ellos el Planeta y el Cervantes.
El embrujo de Shanghai fue publicado en 1993 y ese año recibió el Premio de la Crítica de Narrativa Castellana.
El ejemplar que leí consta de 246 páginas. Tiene 9 capítulos divididos en subcapítulos. Faltan las páginas 176 y 177.
Daniel, el narrador, es un niño que no sabe si tiene padre y vive con su madre. Describe en primera persona pasajes de su vida y la de los adultos que lo rodean durante su niñez y su adolescencia en aquella Barcelona de la posguerra española, con salidas esporádicas a la Francia de la posguerra mundial donde vivían muchos republicanos españoles perseguidos a ambos lados de la frontera. Shanghai no es más que la fantasía de un lugar lejano que igual podría haber sido Buenos Aires, Nueva York o Bombay.
Daniel acompaña al capitán Blay como lazarillo o como Sancho Panza acompañaba a don Quijote, terminando por contagiarse de sus locuras.
La trama va alternando lo que el niño narrador ve en su entorno de adultos traumatizados por aquella guerra que dejó padres que perdieron a sus hijos e hijos que perdieron a sus padres, con aventuras y fantasías que le cuentan personajes procedentes de lugares lejanos.
Daniel es amigo de una niña enferma y de dos pilluelos que se buscan la vida en las calles. Estos niños crecen y van descubriendo por distintos derroteros las pasiones y los intereses de los adultos, mientras los adultos viven desengañados de esos mismos intereses y pasiones.
El narrador protagonista también crece y se desentiende de sus amigos infantiles en un final ni feliz ni infeliz, aunque un tanto pesimista.
A partir de la página 98, desde la entrevista de Kim con Michel Lévy empieza a ponerse interesante la trama de la novela, con la paradoja de que precisamente la aventura que inicia allí resulta ser falsa.
Tiene algunas metáforas como las siguientes: En la página 11 dice “voz mineral”. En la página 18 dice “dos hombres y un capataz”. En la página 192 dice “rasante luz de plomo”. En la página 192 dice que el hielo “brilla sobre el césped como pequeñas estrellas abatidas” y en la página 214 dice “Risueñas culebras de luz se deslizan por la superficie del río”.
Es curioso que la mayoría de las canciones que Kim oye en Shanghai tengan títulos en español.
Hay varios catalanismos como llamar ginesta a la retama o charnegos, que es el nombre despectivo que dan los catalanes a los españoles inmigrantes de provincias no catalanas. También hay algunas palabras propiamente catalanas, como “trinxes” y otras, incluso algún diálogo en catalán.
Yo he vivido en la España de la posguerra y sé cómo era de efectiva la policía franquista, por lo que me parece inverosímil que españoles republicanos vivieran en aquellos años con relativa libertad. Cuando dice que la policía atrapó a alguien el autor lo cuenta como si se tratara de delincuentes comunes a los que se les ponen las esposas y ya está. Lo normal es que se lo llevaran dándole palos.
Al autor se le olvida que quien cuenta la historia es un niño y pone en su boca palabras y conceptos inverosímiles en persona de tan corta edad.
También es difícil de creer que la niña Susana entienda las cosas que le dice Denis.
Cuando Kim iba en el barco por el estrecho de Malaca pasaron por una tormenta de la que caían granizos. El estrecho de Malaca está muy cerca de la línea ecuatorial y es muy difícil que en esa latitud caigan granizos sobre el mar.
Hay algunas sobras o faltas de tildes.
Comete muchos leísmos como por ejemplo “No volveríamos a verle”. Este defecto es común entre los catalanes y el autor es catalán.
Acentúa el adverbio solo y los demostrativos, pero puede perdonársele porque la disposición de la Academia de evitar las tildes en dichas palabras es de 2010 y el libro fue publicado en 1993.
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